Enrique: Dícese del chico místico que tan pronto te lee las manos como te pide una felación.
Enrique y yo nos conocimos y desde el primer momento tuvimos claro lo que iba a pasar allí: una relación tipo kleenex, usar y tirar. Es un chico de veintimuchos, con un trabajo que engloba creatividad y algo de excentricidad (y bastante dinero), y fisicamente muy normal. Me vino a buscar a mi barrio, con su cochazo deportivo carisimo (punto negativo), y me dijo que me iba a dar una vuelta por Madrid. Me llevó por la zona Universitaria, y todavía hoy no entiendo por qué: no soy Universitaria y no me interesa.
Pienso que lo hizo para romper el hielo, aunque la verdad es que hablaba demasiado: me dijo que le parecía fría y que no tengo corazón (punto negativo).
Después del paseo turístico, fuimos a tomar una copa por el centro (punto positivo). La verdad es que sí, yo necesitaba un poco de alcohol porque el tío no paraba de hablar y hablar (punto negativo). Me preguntó hasta la talla de sujetador (punto negativo), y me negué a responderle, fingió un enfado de cinco minutos que le hizo parecer bastante patético.

Enrique y su Quiromancia...
LLegamos a su casa, y me intenta entretener: me enseña libros, videos… (punto positivo). Me lee la palma de la mano, y no acierta ni una, aunque le digo que sÍ, para alimentar su autoestima de chico especial. Después, me lleva a la cama, con la excusa de que me relaje. Y poco a poco (punto positivo) me conduce adonde quiere: primero apaga la luz, luego me quita la ropa y al final… pasó lo que tenía que pasar.
Era tan pesado entre las sábanas como fuera de ellas, y cuando terminó todo, yo me quería ir a casa. Me pidió que me quedara con él, pero no tenía ganas así que me fuí dejandole en la puerta con un “me parece muy mal que te vayas asi” (punto negativo).
Cuando llegué a casa, me envió un mensaje diciéndome que me había olvidado un collar en la suya, y que me lo daría (punto positivo). La verdad es que no sé si me atreveré a recuperarlo…